UNA HISTORIA QUE COMENZÓ CONMIGO
Una historia que comenzó conmigo
Soy Poder Ancestral no nació como un proyecto musical pensado para el público. Nació de una necesidad mucho más íntima: aprender a encontrar en mí misma el amor, la fuerza y el apoyo que tantas veces buscaba fuera.
Nació de esos días en los que no encontraba motivos para levantarme y necesitaba escuchar una voz que me recordara que podía hacerlo. De los momentos en los que deseaba un abrazo y necesitaba abrazarme. De las veces en las que buscaba palabras de aliento, comprensión o simplemente sentir que no estaba sola.
A lo largo de los años, la vida me llevó a atravesar experiencias difíciles, momentos de profunda transformación y caminos que nunca imaginé recorrer. Y fue precisamente en ese viaje, incluso en mis noches más oscuras, donde comencé a comprender que las respuestas, el amor y la fuerza que buscaba afuera estaban en mí.
Fue entonces cuando empecé a mirar hacia mi interior de una manera diferente. A comprender que no siempre podemos cambiar lo que sucede a nuestro alrededor, pero sí podemos transformar la forma en que nos relacionamos con lo que vivimos. Que aprender a escucharnos, reconocernos y confiar en nosotros mismos puede cambiar profundamente nuestra manera de experimentar la vida.
Porque a veces podemos recibir mil consejos, escuchar palabras llenas de sabiduría e incluso saber que tienen razón, pero hasta que algo dentro de nosotros no conecta verdaderamente con ese mensaje, el cambio parece no llegar.
Y cuando esa conexión sucede, algo comienza a transformarse. Cambia nuestra mirada, nuestras decisiones y la manera en que nos vinculamos con los demás. Descubrimos que podemos construir desde nuestro interior una relación más amorosa, consciente y segura con la vida.
Quería que mis canciones fueran parte de ese encuentro conmigo misma. Que me ayudaran a escucharme, a reconocer mis heridas sin juzgarme, a atravesar mis duelos y a encontrar la valentía para mirar mis sombras y transformarlas en luz.
Pero también quería canciones que me hicieran sonreír, bailar, celebrar mis logros, reconocer mi belleza, disfrutar de mi propia compañía y recordar todo lo maravilloso que también habita en mí.
Así nacieron mis primeras canciones. No buscando la perfección, sino creando aquello que necesitaba escuchar, sentir y recordarme en cada momento.
Con el tiempo, comprendí que aquellas experiencias que tanto me habían desafiado también se habían convertido en una fuente de aprendizaje y sensibilidad para acompañar a otras personas en sus propios procesos.
Y entonces nació el deseo de compartir mi música.
Porque si una canción podía ayudarme a conectar conmigo misma, quizás también podría llegar al corazón de alguien que necesitara escuchar esas palabras en ese preciso momento.
Así comenzó Soy Poder Ancestral: desde mi propia historia, con sus luces y sus sombras, y con el deseo de transformar lo vivido en música que inspire, acompañe y nos recuerde que dentro de nosotros existe una fuerza inmensa esperando ser reconocida.
DETRÁS DEL PROYECTO
El corazón detrás de Soy Poder Ancestral
A veces, los caminos más importantes de nuestra vida comienzan de la manera más inesperada.
El mío comenzó hace algunos años, en la estación de Retiro, en Buenos Aires. Estaba a punto de subir a un autobús para ir a trabajar cuando un libro llamó mi atención. Se llamaba Muchas vidas, muchos maestros, de Brian Weiss.
En aquel momento jamás había leído algo parecido, pero sentí una curiosidad especial y decidí comprarlo.
Al terminar sus páginas, algo dentro de mí había despertado. Comencé a hacerme preguntas que nunca antes me había permitido explorar profundamente.
¿Qué sucede después de la muerte? ¿Cuál es el propósito de nuestra existencia? ¿Será que la vida es mucho más de lo que nos han enseñado?
Había crecido con una educación religiosa que me presentaba una visión muy definida sobre la vida, el cielo, el infierno y lo que sucedía después de morir. Sin embargo, dentro de mí siempre había existido una sensación difícil de explicar: sentía que había algo más, algo que todavía me quedaba por descubrir.
Aquel libro abrió una puerta que nunca más quise cerrar.
Tiempo después, durante otro viaje, mientras dormía, tuve un sueño que recuerdo hasta hoy. Vi un fuego violeta, intenso y luminoso, pero que no quemaba. Esa experiencia me llevó a conocer las enseñanzas de Saint Germain y el simbolismo espiritual de la llama violeta.
Y así comenzaron a suceder muchas experiencias que despertaron todavía más mi curiosidad.
Un camino de búsqueda y descubrimiento
Mi primera formación fue en parapsicología. Recuerdo especialmente un ejercicio en el que trabajábamos en parejas intentando transmitir mentalmente palabras y colores.
Aquella experiencia me sorprendió profundamente. Sentí que estaba explorando posibilidades de la percepción humana que nunca había imaginado.
Quería aprender más. Comprender más. Descubrir qué había detrás de aquello que estaba experimentando.
Así comenzaron mis estudios de péndulo hebreo y, posteriormente, de Terapia de Respuesta Espiritual. Continué explorando prácticas energéticas como Reiki y otras formaciones relacionadas con la mediumnidad.
Cada nueva herramienta me abría una puerta, pero también despertaba nuevas preguntas.
Y eso se convirtió en una constante en mi camino: cuanto más aprendía, más sentía que todavía había mucho por descubrir.
Cuando mi propio cuerpo despertó nuevas preguntas
Durante la pandemia viví una experiencia que marcó profundamente mi manera de comprender la relación entre el cuerpo, las emociones y nuestros pensamientos.
Tenía un ganglión en la muñeca y, después de una consulta médica, me habían planteado la posibilidad de operarlo o realizar una infiltración.
Por aquel entonces llegó a mis manos un libro llamado Los mensajes de tu cuerpo, que proponía una mirada sobre la relación entre las emociones, los pensamientos y las manifestaciones físicas.
Movida por la curiosidad, busqué qué interpretación ofrecía sobre aquella zona de mi cuerpo y decidí realizar una meditación personal, reflexionando sobre mis emociones y mi manera de pensar.
Para mi sorpresa, aproximadamente diez días después, el ganglión había desaparecido.
No sabía qué había ocurrido exactamente, pero aquella coincidencia despertó en mí preguntas que transformarían el rumbo de mis estudios.
¿Cómo se relacionan nuestro cuerpo y nuestro mundo emocional? ¿Cuánto influye nuestra manera de interpretar las experiencias que vivimos? ¿Qué posibilidades existen cuando aprendemos a escucharnos de una manera más profunda?
Aquellas preguntas me llevaron a explorar la biodescodificación y diferentes enfoques sobre la relación entre las experiencias emocionales y el cuerpo.
Profundicé en las propuestas de la Nueva Medicina Germánica y posteriormente estudié Bioneuroemoción con Enric Corbera.
Cada formación me ofrecía una perspectiva diferente, pero sentía que todavía faltaban piezas por integrar.
Mirar nuestras raíces para descubrir nuestras alas
Con el tiempo, una nueva pregunta comenzó a ocupar un lugar importante en mi búsqueda.
¿Por qué algunas historias parecen repetirse entre generaciones? ¿Por qué determinadas creencias, miedos, comportamientos y formas de relacionarnos parecen acompañarnos incluso cuando deseamos vivir de una manera diferente?
Fue entonces cuando comencé a profundizar en el estudio del árbol transgeneracional, las constelaciones familiares y distintas herramientas relacionadas con nuestra historia ancestral.
Este camino transformó profundamente mi manera de mirar nuestras raíces.
Comprendí que no quería acercarme al pasado únicamente para reconocer heridas, pérdidas o dificultades. También quería descubrir la fuerza, los dones, los aprendizajes y las bendiciones que forman parte de nuestra historia familiar.
Porque honrar de dónde venimos no significa tener que repetir los destinos de quienes estuvieron antes.
Significa reconocer nuestras raíces, tomar de ellas la fuerza que nos impulsa y permitirnos construir nuestro propio camino.
Desde mi mirada espiritual, conectar con nuestros ancestros también significa reconocer que somos parte de una historia mucho más grande, una historia que puede convertirse en sostén, inspiración y fuerza para avanzar hacia la vida.
Y así continué aprendiendo.
Con el tiempo comprendí que también necesitaba integrar una dimensión esencial: el cuerpo.
Por eso comencé a explorar herramientas de trabajo somático y movimiento consciente, buscando nuevas maneras de relacionar nuestras experiencias emocionales con la expresión corporal.
Mi búsqueda siempre tuvo un propósito: integrar el cuerpo, la mente, las emociones y el espíritu, sin sentir que debía elegir una sola herramienta para comprender la inmensa complejidad de nuestra experiencia humana.
La danza: otra forma de conectar conmigo misma
Pero hay otra parte de mi historia que ha sido igualmente importante.
Durante muchos años trabajé como bailarina. La danza ha sido una de mis grandes pasiones, una manera de expresarme, sentir libertad, conectar con mi cuerpo y experimentar la vida a través del movimiento y la música.
Y ese trabajo también fue fundamental para construir mi camino profesional.
Gracias a la danza pude invertir en mí misma, acceder a formaciones, talleres y certificaciones con reconocidos profesionales y referentes internacionales, y continuar profundizando en aquello que verdaderamente me apasionaba.
Mientras mi cuerpo encontraba en el movimiento una forma de expresión, mi mente y mi espíritu recorrían un camino de búsqueda, aprendizaje y transformación.
Durante mucho tiempo me pregunté cómo podía integrar todos aquellos mundos.
¿Cómo unir mi experiencia como terapeuta con mi amor por la danza, la música y la expresión?
¿Cómo transformar tantos años de aprendizajes y experiencias en algo que pudiera compartir desde un lugar auténtico, sin sentir que debía separar una parte de mí de la otra?
Con el tiempo comprendí que no tenía que elegir.
La bailarina y la terapeuta no eran dos caminos opuestos. Eran partes de una misma historia.
El movimiento, las emociones, las palabras, la música, la historia familiar y la espiritualidad podían convivir, complementarse y encontrar nuevas maneras de expresarse.
Cuando todos los caminos comenzaron a encontrarse
Hoy, al mirar hacia atrás, puedo reconocer cuánto me ha enseñado cada etapa de mi vida.
Los momentos felices y también los difíciles. Las preguntas que encontraban respuestas y aquellas que me impulsaban a seguir buscando. Los estudios, las experiencias personales, las historias compartidas y todos los caminos que fui recorriendo.
Nada de eso necesitaba permanecer separado.
Y así, poco a poco, comenzó a tomar forma una nueva manera de compartir todo lo que había aprendido y vivido.
A través de la música.
Un espacio donde puedo integrar mis conocimientos, mi experiencia personal y terapéutica, mi amor por la danza y el movimiento, la fuerza de las palabras y mi conexión con nuestras raíces.
Un universo donde no todas las canciones necesitan tener el mismo ritmo, el mismo mensaje ni despertar las mismas emociones.
Porque la vida tampoco es siempre igual.
Así nació Soy Poder Ancestral.
No como un camino separado de todo lo anterior, sino como una nueva expresión de aquello que soy, de lo que he aprendido y de lo que deseo compartir.
Con la intención de crear música que toque corazones, que inspire a reconocer nuestra propia fuerza y que nos recuerde que siempre podemos descubrir nuevas maneras de vivir nuestra historia.
Porque creo que cuando una persona reconoce su propia luz, también puede inspirar a alguien más a descubrir la suya.
Y así, corazón a corazón, seguimos creciendo juntos.
Somos parte de una red infinita.
Soy Poder Ancestral — Una expresión musical de JAH Evolution.